
Opinión. Fotos Internet
La pregunta surgió espontáneamente alrededor de miles de mesas mexicanas y nos hizo soñar, una vez más, como país entero:
¿Y si sí?Era el deseo de seguir celebrando un triunfo más de la Selección Mexicana. Porque el mexicano suele aferrarse a la esperanza hasta el último instante, al milagro, al último suspiro, a la última gota de sudor.Pero, en realidad, ¿qué queríamos? ¿Un partido más o la confirmación de que nuestro fútbol finalmente está evolucionando?No ha sido igual la celebración de Isaac del Toro tras hacer historia en Europa, ni la oreja conquistada por Isaac Fonseca en Madrid frente a uno de los toros más importantes de la temporada. Incluso los campeonatos mundiales de Saúl ‘Canelo’ Álvarez, por extraordinarios que sean, difícilmente han provocado celebraciones multitudinarias en el Ángel de la Independencia, la Avenida Juárez de Puebla o la Minerva de Guadalajara.El fútbol tiene esa capacidad única de reunirnos alrededor de un mismo sueño.Pero también, como nos enseñó Octavio Paz, una sociedad madura aprende a mirarse críticamente. La verdadera celebración no consiste únicamente en ganar, sino en descubrir qué hemos aprendido de nosotros mismos.Nos alcanzó para disputar un quinto partido. Pero también nos alcanzó para aprender a celebrar con mayor responsabilidad, a contener los excesos de la euforia, a reconocer el triunfo del adversario y a aplaudir con dignidad el esfuerzo de quien cae luchando. Porque, en ocasiones, también perdiendo se gana.Esta Selección nos recordó que el trabajo en equipo sigue siendo más poderoso que cualquier protagonismo individual. Nos enseñó que la juventud y la experiencia no se excluyen, sino que se complementan; que el liderazgo también consiste en servir al grupo y que ningún proyecto colectivo prospera cuando los egos pesan más que el objetivo común.Descubrimos la importancia de prevenir antes que lamentar durante las celebraciones; adoptamos con simpatía a Merlín como mascota no oficial de esta aventura y comprobamos, una vez más, que la educación y el civismo nunca dependen del nivel económico.Quizá el quinto partido no terminó con la derrota frente a Inglaterra. Tal vez ahí comenzaron los minutos más importantes: los que deben jugarse fuera de la cancha.Porque el verdadero reto consiste en madurar como sociedad para que, cuando llegue el próximo Mundial, no sólo aspiremos a un sexto partido, sino a demostrar que también hemos aprendido a ser una mejor afición y un mejor país.Como diría José Vasconcelos, la cultura forma el carácter de los pueblos. Tal vez ese sea el mayor triunfo que nos deja esta Selección: recordarnos que México sigue siendo un pueblo de fe, de esperanza y de sueños compartidos.Y entonces, cuando vuelva a rodar el balón, podremos preguntarnos otra vez, pero con más razones que ilusión:¿Y si ahora sí?