
El Partido Verde Ecologista de México perdió su registro en Coahuila. Lo hizo junto con el Partido Acción Nacional, incapaces ambos de competir contra la maquinaria política que aún conserva importantes espacios de influencia en aquella entidad.
Sin embargo, más allá de los resultados electorales, la derrota del llamado Partido Verde deja una pregunta interesante: ¿qué tan ecologista es realmente?
Durante años, esta fuerza política ha encontrado rentabilidad electoral en causas mediáticas vinculadas al bienestar animal, particularmente en aquellas que generan confrontación pública, como los espectáculos taurinos. Pero cuando se trata del trabajo menos visible, menos rentable y más complejo de la conservación ambiental, el silencio suele ser notable.
Coahuila es un ejemplo interesante. La entidad alberga especies que enfrentan diversos niveles de riesgo, entre ellas el gato montés, el tlalcoyote, la zorrita del desierto, la rata canguro, el cachorrito de Cuatro Ciénegas, el lagarto-escorpión de Lugo y el perrito de la pradera. También habitan en su territorio especies emblemáticas como el berrendo, el bisonte americano, el borrego cimarrón, el puma y numerosas aves y mamíferos que dependen de ecosistemas cada vez más frágiles.
Las amenazas son conocidas: pérdida y fragmentación de hábitats, expansión urbana, actividades ilegales, contaminación y cambios en el uso del suelo. Son problemas que requieren recursos, investigación científica, educación ambiental y presencia permanente en el territorio.
La pregunta es sencilla: ¿cuántas campañas de rescate de especies, cuántos programas de restauración ecológica o cuántas acciones de conservación impulsadas directamente por el Partido Verde recuerdan los ciudadanos de Coahuila?Presentar iniciativas legislativas es importante, pero la conservación de la naturaleza exige algo más que discursos parlamentarios. Requiere trabajo de campo, coordinación con universidades, apoyo a comunidades rurales, fortalecimiento de áreas naturales protegidas y participación activa en la defensa de los ecosistemas. Resulta paradójico que incluso el tucán, símbolo del propio partido, forme parte de una familia de aves cuyos hábitats enfrentan crecientes presiones ambientales en diversas regiones del país. Sin embargo, pareciera que la imagen ha resultado más importante que la causa. La ecología no puede reducirse a campañas publicitarias ni a temas que generan titulares. México es uno de los países con mayor biodiversidad del planeta y enfrenta desafíos enormes para protegerla. Cada peso destinado a la conservación efectiva vale más que cientos de espectaculares con mensajes verdes.Tal vez por eso la derrota electoral en Coahuila deja una lección que va más allá de las urnas. Los ciudadanos comienzan a distinguir entre quienes utilizan la bandera ambiental como estrategia política y quienes realmente trabajan por ella.Porque proteger la naturaleza implica mucho más que llamarse ecologista.Implica demostrarlo.