
El próximo 24 de junio conmemoraremos 500 años de tauromaquia en México. Esta columna es la primera de dos entregas en las que deseo reflexionar sobre dos aspectos concretos: su dimensión cultural y la necesidad de una autocrítica para garantizar su subsistencia. No pretendo escribir un tratado, sino compartir algunas observaciones tomando como referencia a Samuel Ramos y su reflexión sobre la identidad mexicana.
ASPECTO CULTURAL
En la quinta de sus Cartas de Relación, firmada en la Ciudad de México en 1526, Hernán Cortés relata que el día de San Juan se celebraron festejos que incluían “correr toros y regocijos de cañas”. Ese documento constituye el testimonio más antiguo de la presencia de la tauromaquia en la Nueva España. Más allá del dato histórico, lo importante es reconocer que la tauromaquia ha acompañado la historia de México prácticamente desde sus orígenes. Durante cinco siglos fue adoptada, transformada y reinterpretada por generaciones enteras de mexicanos, hasta convertirse en una de las expresiones culturales más arraigadas del país.Como otras tradiciones populares, evolucionó junto con la sociedad mexicana. Ha enfrentado cambios políticos, sociales y culturales, y aún así ha logrado mantenerse vigente. Por ello surge una pregunta inevitable: ¿qué ocurre con nuestra cultura? ¿Por qué solemos admirar aquello que otros pueblos conservan y, en cambio, mostramos indiferencia hacia lo propio?Estas preguntas me conducen a Samuel Ramos. ¿Por qué a tantos mexicanos parece incomodarles lo que somos o lo que hacemos? ¿Por qué resulta tan difícil respetar aquello que otro mexicano aprecia? Vivimos en una época donde las distancias se acortan, pero donde también pueden acentuarse ciertos complejos. Ramos sostenía que una sociedad que vive comparándose termina desarrollando un complejo de inferioridad. Aun teniendo riqueza cultural bajo sus propios pies, busca respuestas fuera porque deja de confiar en sí misma. Cree que las soluciones vendrán del exterior, mediante ideas pensadas por otros y para otras realidades. Cuando dejamos de confiar en nuestra capacidad para construir respuestas propias, terminamos renunciando a una parte esencial de nuestra identidad. Es lamentable crear problemas donde podrían encontrarse oportunidades. Es más sencillo repartir culpas que construir soluciones.Parafraseando a Samuel Ramos: la cultura es la cura.