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De acuerdo con El Sol de Puebla, este 16 de septiembre murieron dos personas por accidente vial, un hombre y una mujer, en hechos diferentes.
Sin embargo, me llamó la atención que, de acuerdo con el mismo medio, en Puebla ocurre una muerte por accidente vial aproximadamente cada 12 horas. El dato impresiona todavía más cuando lo ponemos frente a otro fenómeno que ocupa buena parte de nuestra conversación cotidiana: la inseguridad.
Durante los primeros cinco meses de 2026 se registraron en Puebla 286 investigaciones por homicidio culposo derivadas de accidentes viales, mientras que en ese mismo periodo se contabilizaron 313 víctimas de homicidio doloso. Las cifras no son exactamente equivalentes —una corresponde a investigaciones y la otra a víctimas—, pero la cercanía resulta imposible de ignorar.
Y aquí aparece una diferencia que debería hacernos reflexionar. Ante un delito, muchas veces la posibilidad de prevención de la víctima es limitada. Un delincuente decide cuándo, dónde y contra quién actuar. En cambio, una parte importante de las muertes viales ocurre por factores sobre los que sí podemos intervenir: exceso de velocidad, alcohol, distracciones, no utilizar cinturón o casco, vehículos sin mantenimiento y, también, condiciones deficientes de las vialidades.
No todas las tragedias viales son responsabilidad del conductor. Pero tampoco todas son inevitables. Tal vez hemos aprendido a tenerle miedo a la inseguridad, pero no hemos aprendido a tenerle suficiente respeto a la velocidad, al volante y a las condiciones de nuestro propio vehículo. Dos personas murieron este 16 de septiembre. Mañana serán otras. Y si el dato de una muerte vial cada 12 horas se mantiene, la pregunta no debería ser solamente cuántas personas mueren en nuestras calles. Deberíamos preguntarnos cuántas de esas muertes pudimos haber evitado.
Porque hay tragedias que nos toca padecer. Pero hay otras que quizá nos toca prevenir.