
Cuentan que cuando Don Pedro Vargas decidió dejar el camino del canto lírico para dedicarse a lo popular, su maestro Alejandro Cuevas no le perdonó aquella decisión. Vargas, sin embargo, no abandonó el canto ni tiró por la borda su formación: cambió de escenario, de repertorio y de rumbo, pero llevaba consigo años de estudio, disciplina y preparación.
Y eso me hizo pensar en algo que vale para muchas cosas, incluida la política.
El palomazo es consecuencia de una bohemia; un recital es consecuencia de una trayectoria.
Un palomazo puede ser magnífico. Puede arrancar aplausos, emocionar y hasta sorprender. Y qué bueno que existan esos momentos. Pero nadie confunde una noche de bohemia con una carrera profesional. Porque sostener un vibrato es otra cosa. Detrás de una voz capaz de sostener un recital hay horas de estudio, técnica, disciplina, ensayo y trabajo privado. El público escucha unos minutos; el artista carga años detrás de esos minutos.
En política debería ocurrir algo parecido. Por eso resulta interesante mirar la trayectoria de Rafael Moreno Valle: antes de la política hubo una formación profesional como tenor. Y quizá esa experiencia explique algo que suele olvidarse: que los resultados visibles casi siempre tienen detrás un
a trayectoria de discreto esfuerzo.
No se trata de decir que la preparación garantiza el éxito. No lo garantiza. Pero sí hay una diferencia enorme entre llegar al escenario después de años de preparación y llegar esperando descubrir, ya frente al público, si uno sabe cantar.
Hay momentos para festejar un palomazo.
Para gobernar, en cambio, hace falta sostener el vibrato. Porque la suerte puede regalarte un buen momento. La trayectoria es la que permite sostenerlo.