
Foto Juan Ángel Sainos
Cada vez que el calendario político se calienta y las definiciones para las elecciones intermedias comienzan a tomar forma, la agenda legislativa parece sufrir una sospechosa transformación. No es coincidencia. En un momento donde el país exige a gritos soluciones a problemas estructurales y urgentes, el Senado de la República prefiere revivir iniciativas que polarizan a la sociedad y golpean el sustento de millones de mexicanos.
El reciente avance en comisiones del dictamen de la nueva Ley General en Materia de Bienestar, Cuidado y Protección de los Animales es el ejemplo perfecto de este fenómeno. Mientras las familias mexicanas padecen el desabasto de medicamentos, mientras la economía popular no levanta y la inseguridad sigue adueñándose de nuestras calles y carreteras, el Poder Legislativo decide que la prioridad nacional es legislar bajo agendas que, más que proteger, castigan.
Hay que decirlo con claridad: el fondo de esta iniciativa en este preciso momento es electoral. Es una clásica cortina de humo diseñada para quedar bien con ciertos sectores del electorado rumbo a los comicios, desviando la atención de los grandes fracasos en las políticas públicas que realmente importan. Resulta insólito que, con el pretexto de una supuesta protección, se esté cocinando una ley que, de aprobarse en el Pleno y en la Cámara de Diputados, mandará directo al desempleo a miles de familias.Las organizaciones del sector, como Tauromaquia Mexicana y Tradiciones Unidas por México AC, han sido firmes en su reclamo al Senado: frenar la votación y evaluar el impacto real. No estamos hablando de un pasatiempo; estamos hablando de una industria que genera más de 2.5 millones de empleos y una derrama económica que supera los 170 mil millones de pesos. Detrás del toro de lidia, de la gallística y de las tradiciones del campo, hay un motor económico que el gobierno actual no va a sustituir si decide destruirlo. ¿Esa es la propuesta de bienestar para los mexicanos? ¿El desempleo?
Es curioso, por decir lo menos, que cuando se trata de reactivar la economía o pacificar al país, los consensos legislativos tarden meses o años en llegar. Pero cuando se trata de impulsar iniciativas con un alto contenido de mercadotecnia política, la maquinaria del Congreso se mueve a toda prisa.
Ya lo advertía Aristóteles: «Los regímenes que atienden al bien común son rectos, mientras que los que atienden solo al interés de los gobernantes son defectuosos y desviados». Legislar para complacer los intereses de unos cuantos o para asegurar un puñado de votos en las próximas elecciones intermedias, dándole la espalda al bienestar económico de las mayorías que viven del campo y de las tradiciones, es la definición exacta de un gobierno desviado de su verdadero fin.
El Senado tiene hoy la oportunidad de demostrar si realmente busca el bien común con sensatez o si simplemente está usando las tradiciones como una ficha de cambio en el tablero electoral. La comunidad taurina y el México rural deben mantener la memoria intacta cuando llegue el momento de acudir a las urnas.