
Ayer tuve la oportunidad de conversar con nuestro querido amigo, el Maestro Rafael Moreno Valle Buitrón. Durante nuestra charla compartió una reflexión que se quedó dando vueltas en mi cabeza: hace falta seguir hablando del amor.
Y qué razón tiene. En estos días en que México prepara sus ofrendas, enciende veladoras y recuerda a quienes se han adelantado en el camino, quizá valga la pena detenernos a pensar en aquello que permanece cuando alguien deja de estar físicamente entre nosotros.
Saulo de Tarso, en su primera carta a los Corintios, nos recuerda que sin amor nada somos. Erich Fromm nos invita a comprender que amar es un arte que debemos aprender. Viktor Frankl, en El hombre en busca de sentido, nos muestra que el amor puede dar sentido a nuestra existencia, incluso en las circunstancias más adversas.
Jaime Sabines, en Los amorosos, desnuda las contradicciones de ese sentimiento que nos hace profundamente humanos; Mario Benedetti, en No te rindas, nos recuerda que siempre hay motivos para continuar, para recuperar la ilusión y volver a comenzar.
Distintas voces, distintas épocas, pero una preocupación común: ¿qué sentido tiene nuestra existencia si no somos capaces de amar?
Porque amar no es solamente pronunciar palabras bonitas. Es educar sin destruir, corregir sin humillar, acompañar sin imponer y ayudar a otros a descubrir sus propias capacidades. Es no apagar las ilusiones de nuestros hijos, ni convertir nuestros miedos en límites para las nuevas generaciones.
¿Cuántas veces, creyendo educar, hemos lastimado? ¿Cuántas esperanzas hemos apagado con una palabra? ¿Cuántas veces hemos olvidado que también somos responsables de la felicidad y la confianza que podemos despertar en los demás?
Quizá el amor sea nuestra obra más importante. No se mide por lo que decimos sentir, sino por aquello que somos capaces de construir en la vida de otros.
Y cuando alguien se marcha, descubrimos que su presencia no termina necesariamente con su ausencia física. Permanece en sus enseñanzas, en sus recuerdos, en sus gestos y, sobre todo, en el amor que supo entregar.
Morir es parte de la vida; pero vivir con amor es encontrar el camino hacia la eternidad.
Por eso, en estos días dedicados a recordar a quienes ya no están, no olvidemos a quienes todavía nos acompañan. Abracemos, escuchemos, perdonemos y digamos cuánto queremos a quienes forman parte de nuestra historia.
Porque no se trata solamente de dejar huella, sino de dejar algo bueno en el camino de los demás.
Cuánto amas y te diré cuánta obra haces. Porque amar es vivir, y vivir amando es trascender.