El Cablebús: entre el anuncio y la duda razonable
Por momentos, el debate sobre el Cablebús en Puebla parecía más una batalla de percepciones que de datos. Hoy, a cuatro meses de colocada la primera piedra, el gobierno estatal comienza a ganar la narrativa: ahora sí, con estudios en mano, el megaproyecto de movilidad empieza a tomar forma más concreta.
El coordinador de Gabinete, José Luis García Parra, salió finalmente este lunes 13 de abril a presentar un Plan Integral de Movilidad que busca responder a las críticas iniciales. El dato más llamativo —y políticamente necesario— es la drástica reducción en el impacto ambiental: de casi mil árboles contemplados en febrero, ahora se habla de apenas 97. El ajuste no es menor. Pasa de un escenario de alto costo ecológico a uno que, según los propios parámetros oficiales, se ubica en un rango “moderado”, incluso por debajo del mínimo.
Sin embargo, el fondo del asunto no cambia tan fácil. La desconfianza de ambientalistas no nació de la nada. Durante semanas, el proyecto avanzó más rápido en el discurso que en la evidencia técnica. Hoy, los estudios existen, sí, pero llegan tarde para quienes ya habían encendido las alertas ambientales y urbanas.
El discurso opositor desatado semanas atrás en redes sociales y que —según los propios estudios del gobierno del estado— terminó por imponer su narrativa, evidenció no solo lagunas en la comunicación del proyecto, sino básicamente, la falta de un proyecto técnico terminado y sustentado como el que fue presentado en la mañanera.
En lo operativo, el gobierno apuesta fuerte. El sistema contempla cuatro líneas, más de 13 kilómetros, hasta 383 cabinas y una capacidad de miles de pasajeros por hora. A eso se suma una narrativa social potente: será gratuito para adultos mayores, personas con discapacidad y estudiantes, con una tarifa estimada de hasta 12 pesos para el resto. En tiempos donde la movilidad cuesta —y mucho—, el mensaje es claro: transporte moderno, accesible y sustentable.
El argumento ambiental también juega a favor. Mientras el sistema RUTA implica costos cercanos a los 1,000 millones de pesos anuales y altas emisiones, el Cablebús promete operar con energía eléctrica, reducir dióxido de carbono y alcanzar autosuficiencia financiera en su segundo año. En papel, suena a solución ideal para una ciudad que ya enfrenta saturación vial, crecimiento desordenado y más de 4 millones de viajes diarios.
Pero en Puebla, como en casi cualquier obra pública de gran escala, el reto no está en el render ni en la presentación técnica, sino en la ejecución. El proyecto sigue en fase de estudios, sin obra física iniciada y con trámites pendientes. Es decir, aún hay margen para ajustes… y también para errores.
Al final, el Cablebús se perfila como una apuesta ambiciosa del gobierno de Alejandro Armenta Mier para conectar a las colonias históricamente olvidadas y por integrar territorios que durante años quedaron fuera del mapa de la movilidad y del desarrollo de la capital. Si cumple esa expectativa, no será solo un sistema de transporte: será el símbolo de una deuda saldada con miles de poblanos.
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