
Hay momentos en política en los que la fotografía cambia, pero la película lleva muchos años.
La designación de Ana Lilia Rivera como coordinadora de los trabajos de la Transformación en Tlaxcala abre formalmente una nueva etapa rumbo a 2027. Pero para entender el momento actual no basta con mirar el anuncio de Morena. Hay que mirar hacia atrás.
Rivera no llegó ayer a la política tlaxcalteca.
Su recorrido comenzó mucho antes de que Morena fuera partido y mucho antes de que la posibilidad de una gubernatura estuviera sobre la mesa. Fue diputada local, participó en campañas de Andrés Manuel López Obrador y formó parte de la construcción de Morena desde sus primeros pasos. La propia Rivera ha contado que comenzó sin dinero, sin una familia poderosa y sin un grupo político detrás.
En Tlaxcala conoce el territorio porque buena parte de su trayectoria se construyó caminándolo.
Las encuestas que acompañaron el proceso interno de Morena tampoco fueron un dato menor. Durante los meses previos a la definición, distintos estudios colocaron a Rivera entre las primeras posiciones. Uno de los levantamientos publicados por El Universal en junio le otorgó 29 por ciento de preferencia bruta dentro de Morena y señaló que encabezaba también diversos indicadores de valoración.
Pero las encuestas terminan. La política, no.
Ahora comienza otra etapa: la de construir unidad, organización y territorio alrededor de una definición que ya hizo el partido.
¿Qué ocurrirá con quienes estuvieron desde el principio y con quienes ahora decidan sumarse?
Porque en política también existe una memoria. Una memoria que recuerda quién estuvo cuando había que caminar sin reflectores, quién ayudó cuando todavía no había candidaturas que repartir y quién construyó cuando el proyecto apenas era eso: un proyecto.
Eso no significa cerrar las puertas. Al contrario. Un proyecto político necesita sumar, escuchar y construir con quienes llegan después. La política democrática también consiste en encontrar coincidencias y ampliar los espacios de participación.
Pero una cosa es sumarse y otra muy distinta es haber estado desde el origen.Ana Lilia Rivera tendrá ahora una responsabilidad diferente a la que tuvo durante el proceso interno. Ya no se trata solamente de una aspiración personal ni de una competencia entre nombres. La encomienda que recibió es organizar y defender un proyecto político en Tlaxcala. Y eso obliga a mirar no solamente hacia quienes se acercarán mañana, sino también hacia quienes estuvieron ayer.
Porque cuando una candidatura deja de ser posibilidad y comienza a convertirse en proyecto, muchos quieren aparecer en la fotografía.La verdadera historia, sin embargo, empezó mucho antes de que hubiera una fotografía.