
Hoy me encontré con una nota: la diputada Soraya Noemí Bocardo Phillips propuso incorporar el bienestar animal en los planes de estudio de Tlaxcala.
La propuesta me llevó a pensar en algo mucho más amplio: ¿qué queremos enseñar cuando educamos? José Vasconcelos entendía la educación como una herramienta para formar seres humanos libres, capaces de pensar, reflexionar y construir su propio criterio.
Porque una sociedad no aprende simplemente mediante prohibiciones o lineamientos sobre qué debe pensar. Podemos enseñar respeto por los animales, por supuesto. Pero también deberíamos enseñar a comprender nuestra relación con ellos, su historia, su cultura y hasta nuestras propias contradicciones.
Porque si hoy hablamos del bienestar animal, pasado mañana quizá hablaremos del bienestar de la tecnología o de la inteligencia artificial.
Y entonces aparece una pregunta incómoda: ¿a qué le tenemos miedo?¿A perder el control? Tal vez ésa sea una de nuestras debilidades más humanas. Pero tal vez nuestro temor más profundo no sea que la tecnología escape de nuestro control, sino que aquello que hemos creado termine convirtiéndose en un espejo.
Las cosas creadas por el hombre también llevan algo de su imagen y semejanza: nuestra inteligencia, nuestros valores, pero también nuestras contradicciones.¿Tenemos miedo de mirarnos en el espejo?
Mientras discutimos cómo limitar aquello que todavía estamos aprendiendo a comprender, alguien está imaginando cómo llevar al hombre a otros planetas. Y entonces pienso: ¿cuándo vamos a llevar el café a Marte o lo vamos a dejar en la viralidad de las redes? Tal vez el verdadero reto de la educación no sea decirles a nuestros hijos qué pensar, sino enseñarles a pensar sin miedo.
Porque una sociedad libre no debería educar para temerle al futuro, sino para tener el criterio necesario para construirlo.