
Las remesas representan mucho más que una transferencia de dólares: son el sustento de miles de hogares y el reflejo de una realidad económica que merece nuestra atención.
Por Luis Miguel Martínez | El Medianil
Hay historias económicas que no se cuentan desde las oficinas de gobierno, las bolsas de valores o los grandes parques industriales. Algunas se escriben en los hogares, en las pequeñas comunidades y en las familias que cada mes esperan una transferencia de dinero desde Estados Unidos.
En Puebla, esas historias tienen una dimensión económica considerable.
Durante 2025, el estado recibió aproximadamente 3 mil 426.5 millones de dólares por concepto de remesas, de acuerdo con cifras del Banco de México. Esto representó un crecimiento de alrededor de 1.8% respecto al año anterior, en un contexto nacional en el que los envíos de dinero al país disminuyeron.
La cifra coloca a Puebla entre las entidades con mayor recepción de estos recursos. No se trata de una cantidad menor: hablamos de miles de millones de dólares que llegan a los hogares y que contribuyen a sostener el consumo, la alimentación, la educación, la vivienda y los gastos cotidianos de numerosas familias.
Pero detrás de cada transferencia existe una historia.
Un padre que trabaja en California para pagar los estudios de sus hijos; una mujer que envía dinero desde Nueva York para apoyar a sus padres; hermanos que, desde Nueva Jersey, contribuyen a construir una vivienda en su comunidad de origen.
Las remesas tienen una dimensión financiera, pero también profundamente familiar y social.
Una economía conectada con Estados Unidos
La relación migratoria de Puebla con Estados Unidos tiene una larga historia. Diversas comunidades de la Mixteca, Atlixco, Izúcar de Matamoros y otras regiones del estado mantienen vínculos familiares y económicos con poblanos que han encontrado oportunidades laborales al otro lado de la frontera.
Esta relación ha construido una red de solidaridad que trasciende las fronteras geográficas.
Sin embargo, también nos obliga a plantear una pregunta: ¿qué tan importante se ha vuelto el ingreso generado en el extranjero para el bienestar de las familias poblanas?
La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares del INEGI permite estudiar la composición de los ingresos familiares y distinguir las transferencias de los recursos obtenidos mediante el trabajo. Es una herramienta indispensable para comprender las condiciones económicas de los hogares.
Conviene hacer una distinción: las remesas son transferencias privadas de recursos entre personas residentes en distintos países. No constituyen producción generada dentro del estado y, por tanto, no deben sumarse directamente al Producto Interno Bruto.
Su importancia está en otro lugar: representan capacidad de compra para las familias y pueden impulsar la actividad comercial y de servicios de las comunidades receptoras.
¿Qué ocurriría si disminuyeran las remesas?
Esta es una pregunta que Puebla no debería ignorar.
Los ingresos de nuestros migrantes dependen, entre otros factores, de las condiciones del mercado laboral estadounidense, de sus salarios, del costo de vida y de las políticas migratorias.
Una reducción importante de las oportunidades laborales, un endurecimiento de las condiciones migratorias o una disminución de los ingresos disponibles podría repercutir en las transferencias que reciben miles de familias.
Por eso, la discusión sobre migración en Estados Unidos no es un asunto distante para Puebla. Sus consecuencias pueden sentirse en los comercios, las viviendas, los servicios y las economías familiares de nuestro estado.
Las remesas funcionan como un respaldo económico para numerosos hogares, pero no deben convertirse en el sustituto de una política de desarrollo productivo.
El verdadero desafío: generar oportunidades en casa
Recibir miles de millones de dólares del extranjero es una realidad económica que merece reconocimiento. El esfuerzo de los migrantes y su contribución a las familias poblanas son indiscutibles.
Pero también debemos preguntarnos qué estamos haciendo para fortalecer nuestra propia capacidad de generar riqueza.
Puebla cuenta con posibilidades importantes en la industria manufacturera, la agroindustria, el turismo, los servicios y el desarrollo de pequeñas y medianas empresas.
El desafío consiste en transformar esas posibilidades en empleos formales, mejores salarios y oportunidades de crecimiento para las nuevas generaciones.
No se trata de cuestionar la decisión de quien migra. Cada persona tiene derecho a buscar mejores condiciones de vida. Se trata de construir un entorno en el que quedarse también sea una alternativa viable.
Una reflexión necesaria
Las remesas tienen nombre, apellido y una historia detrás. Son el resultado del trabajo de miles de poblanos que, lejos de sus familias, mantienen vivo un compromiso con su tierra.
Su esfuerzo merece reconocimiento, pero también debe invitarnos a reflexionar sobre nuestras responsabilidades como sociedad.
Porque el verdadero desarrollo no consiste solamente en recibir el dinero que nuestros paisanos producen en otras tierras.
Consiste en construir una economía capaz de ofrecer oportunidades aquí, en Puebla; una economía donde nuestros jóvenes puedan estudiar, trabajar, emprender y formar una familia sin que la migración sea la única salida para alcanzar una vida mejor.
Que migrar sea una elección y no una necesidad.
Esa debería ser una de nuestras grandes aspiraciones como sociedad.
