
La discusión sobre la Modalidad 40 del IMSS ha puesto sobre la mesa algo más que las prácticas irregulares de algunos despachos dedicados a la asesoría pensionaria. Ha abierto una conversación que México no debería seguir posponiendo: ¿estamos preparados para el envejecimiento de nuestra población?
Cuando se promulgó la primera Ley del Seguro Social, el 19 de enero de 1943, el país tenía una realidad demográfica muy distinta. La esperanza de vida era considerablemente menor y la población mexicana estaba integrada, en su mayoría, por jóvenes.
Hoy el escenario ha cambiado. México ha ganado más de tres décadas de esperanza de vida respecto de mediados del siglo pasado. Vivimos más, las familias tienen menos hijos y la estructura de nuestra sociedad se transforma aceleradamente.
De acuerdo con las proyecciones del Consejo Nacional de Población, México tendrá alrededor de 28 millones de personas de 60 años o más en 2040. Una quinta parte de la población. No estamos hablando únicamente de pensiones: hablamos de hospitales, medicamentos, vivienda, alimentación, seguridad social y servicios de cuidados. También de millones de familias que tendrán que reorganizar su economía y su tiempo para atender a sus adultos mayores.
Pero hay otra pregunta que no podemos dejar fuera: ¿a qué ritmo debe crecer México para enfrentar este desafío?
No existe una cifra única que garantice la sostenibilidad del sistema, pero resulta evidente que una economía que crece lentamente tendrá mayores dificultades para financiar las necesidades de una población que envejece. Aspirar a un crecimiento real de entre 3 y 4 por ciento anual durante las próximas dos décadas supondría un esfuerzo considerable en productividad, inversión y generación de empleos formales. No es una garantía de solución, sino una referencia de la dimensión del reto.
Y aquí aparece una contradicción que merece atención: mientras aumentan las necesidades de protección social, México enfrenta rezagos en productividad, informalidad laboral y recaudación. El desafío no consiste solamente en pagar pensiones, sino en construir una economía capaz de sostenerlas y ofrecer servicios de salud y cuidados con dignidad.
Vivir más años es, sin duda, una conquista de la sociedad. Pero esa conquista también exige nuevas responsabilidades. No basta con preguntarnos cuánto costará sostener a una población que envejece; debemos preguntarnos qué estamos haciendo para que esas personas puedan vivir con dignidad.
La Modalidad 40 puede ser el punto de partida de esta discusión, pero no debe convertirse en el centro de ella. El problema es mucho más amplio y nos involucra a todos.
Si hemos ganado más de tres décadas de esperanza de vida, ¿hemos avanzado también tres décadas en nuestra capacidad de planear el futuro?
México aprendió a vivir más años. Ahora tiene que aprender a prepararse para vivirlos.
Porque la vejez no debería convertirse en una emergencia nacional por falta de previsión.